31 de mayo de 2008
Esta mañana salía yo a las 8 y media pensando que iba a ser un día normal de bicicleta de montaña en solitario. Había elegido un circuito tranquilo (la subida a la Fuenfría) y una trialera de regreso de las que uno se sabe con los ojos vendados. Cuando iba por la Ducha de los Alemanes alcance a un grupo de 5 ciclistas de respeto. Ya de lejos había comprobado que montaban escuderías de referencia de la mejor calidad, por lo que al llegar a su altura no quise pasar de largo como una centella, sino que decidí acompañarles un trecho para ver en qué paraba aquel encuentro. Nos enzarzamos en amena conversación casi desde el primer momento, y lo más sorprendente fue cuando a la altura de la pradera de Navarrulaque el de más edad y sabiduría me espetó, así sin más: "coño! pero si tú eres juanete, el del foro del samburiel". Os podéis imaginar el escalofrío que recorrió mi espalda, el cielo, hasta entonces plomizo se abrió y un rayo de sol iluminó la montura de mis gafas de espejo spiuk. "¿pero tú quién eres?" logré responder con el corazón en la garganta, no desbocado por el esfuerzo sino por la intensa emoción. "Julián, el padre de Rubén", me contestó. Y he aquí que sus compañeros lanzaron vítores, y "qué pequeño es el mundo" "y qué cojonudo eres juanete" "y qué grandes los del Samburiel". Hasta la Fuenfría salieron a relucir los nombres de casi todos vosotros, compañeros de fatigas y de alegrías, y como sin esfuerzo llegamos hasta la más alucinante y peligrosa de las trialeras que bajan de la ladera de la Peñota, sólo el recordarla me pone la carne de gallina: ¡la trialera de los Poyalejos!. Bueno, os he de decir que cuando los cinco magníficos olieron el desnivel rompieron hostilidades y se lanzaron como posesos en busca del precipio. Yo jamás había visto volar y derrapar bicis de aquella manera. Por la trialera bajaban chorros de agua y de barro, las piedras flotaban sin tensión, las raíces eran trampas saduceas que atenazaban las ruedas o las hacían deslizar, pero ellos nada, como si estuvieran en un parque temático con los niños. Menos mal que logré serenarme "¡juanete para y no te lances que el sábado formas parte del equipo de triatlon de relevos del Samburiel y no es plan que dejes huérfanos a los compañeros!" Así que logré regresar idemne y sin rasguños en la piel que sí en el alma. Julián, compañero, gracias por la lección y espero verte a ti y a tus amigos muchas veces por el monte, para aprender a descender como un poseso por las trialeras de nuestra querida sierra. Perdonad, ha sido un poco larga la narración, pero la ocasión lo merecía.
Juanete
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