sábado 14 de febrero de 2009

14 de febrero de 2009, día de los Enamorados





Dos saltamontes enamorados de su condición biciclista decidieron salir este día tan señalado. Hacía un sol radiante y se esperaban temperaturas cercanas a los 10 grados. Todo apuntaba a que el día se convertiría en un gran día bicicletero. Una pena no poder compartir este gran día que vamos a tener con el resto de nuestros compañeros - decía uno de los saltamontes mientras se ponía los guantes y se colgaba la mochila. Joder, vaya año llevamos - conversaba el otro saltamontes - a ver si tenemos suerte y comenzamos ya nuestra rutina todos los sábado.

Contentos y animados partieron de Cercedilla July y Bretones con sus burras y el corazón cargado de ilusión. Hacía algo de fresco pero eso era normal, conforme subiéramos un poco ya iríamos cogiendo calor. Llegados a la cabaña de madera donde casi siempre paramos para ajustar alguna cosilla nos sorprendimos al ver las cunetas repletas de nieve. Bueno, eso es que el quitanieves la ha amontonado ahí y tarda en derretir. Seguimos pedaleando y entramos en la carretera en dirección prohibida, como siempre, y de pronto, un gigantesco todo terreno con sirenas y dos estúpidos guardabosques de los cojones se nos echa encima y como si homígas fuéramos nos echa del carril alzando la mano en poder de una supuesta estupidez que él nunca pensó ser tan merecedor. Nos volvimos con tal mala ostia que vertimos toda suerte de insultos, cortes de mangas, dedos erectos, escupitajos y toda clase de injundias. Desolados por tal brutal estupidez humana no teníamos otra forma de consolarnos.

Justo al terminar la carreterina esa nos adentramos en el carril que, para nuestro asombro, estaba completamente cubierto de nieve. Joder macho, si esto está así cómo va a estar el resto entonces! Exclamaba July al cielo. Venga coño que ya sabes que cuando pasemos la vaya no tiene tanta pendiente y vamos a ir como obuses, contestaba el benini que hay en mí. Se ve que eso a Juli le dio fuerzas porque metió tres pedaladas para salir del atolladero donde nos encontramos que partió la cadena. Cagowennnsos, si tenemos mala suerte nosotros. Es que colega, vaya año que llevamos (frase oficial de los saltamontes). No pasa nada, ahora mismo te doy mi eslabón rápido y salimos escarbando de aquí. Saco mi eslabón y se lo paso a Juli, él me mira y muy serio me dice, ¿y con qué coño quieres que quite el eslabón roto? July colega, no te alteres, pues con mi troncha cadenas - meto la mano en mi super mochila y por más que rebuscaba, pastillas isostar, parches, bomba, llaves allen, tiritas, navaja, sacacorchos pero el puto troncha no estaba. Desesperados vimos cómo nuestra ruta llegaba a su fin aunque lo habíamos intentado todo. July me invitó a seguir sólo, yo miré parriba y dije, sólo, sólo me quedan 5 minutos hasta aquel arbol y me daría la vuelta, sólo, tú estás loco. Vamos para atrás y si encontramos un ciclista le pedimos el troncha, arreglamos y seguimos hasta donde podamos.

Cabizbajos, dimos la vuelta y comenzamos a deshacer el camino. ¿Pero cómo íbamos a encontrar un ciclista ahí? Lo veíamos todo negro hasta que nos vemos a dos ciclistas maduros, con pintas de aventureros de los años 60, con bicis casi de paseo, ruedas finas sin tacos, por supuesto no eran dobles, con los típicos sacos a los lados. Yo cuando los ví, que aun iban por la carretera sin nieve, casi me destornillo. Pero lo mejor fue cuando nos dicen muy alegres que se dirigía a Segovia que había quedado con sus mujeres allí. July y yo nos miramos y les dijimos; ¡a Segovia! Le puse la mano en el hombro a uno de ellos y le dije, quillo, ve llamando a tu mujé y dile que se coja el cercanía que hoy coméis en Cercedilla. Tu no sabes cómo está el carril un poco más arriba. ¿no tendréis un troncha a todo esto? Si claro, ¿no vamos a tener un troncha? Fíjate estos, ¡no les falta ni un perejil! Pillamos el troncha, cortamos se lo devolvimos y ellos siguieron su ruta con dos cojones. Nosotros terminamos de arreglar la cadena, nos montamos y echandole huevos nos pusimos a subir.

El primer tramo con esa cuesta arriba que ya cuesta sin nieve, pues imaginaros con un montón de nieve del copon. Parecía Sturk Bucks con los molinillos de café cada dos por tres. El July llevaba unas cubiertas especiales para nieve que se agarraban de la ostia, lo malo era mantenerse encima de la bici. Al poco de empezar nos encontramos a los dos benditos subiendo con más pena que gloria, las ruedinas hundidas en la nieve, levantados sudando y nosotros les dimos una pasada con ganas de la leche, creo que es la primera vez que adelantamos a alguien subiendo la fuenfría, normalmente nos pegan unos cepillaos del copón.

Por fin logramos pasar la barrera y comenzar la parte menos empinada de la ruta. La gente nos miraba y algunos pensarían que estábamos locos, otros nos decían, vaya cojones que tenéis, Cawensos qué adrenalina me entraba la ostia que me parió, así, renqueando, resbalón por aquí, metengoquebajarparespirar.com conseguimos llegar al mirador de los poetas pero el último tramo de 100 metros bajados, con unos agujeros que se te metía la rueda y tenías que bajarte para sacarla. Coño, yo llevaba al July detrás, me dí la vuelta y ya no estaba, miré pa bajo y es que se había caido en un boquete. Nos comimos el plátano y pabajo. Muy muy peligrosa la bajada, mucho tiempo andando porque era imposible avanzar, la bici se clavaba. Ahora si, cuando llegamos a pillar un cacho de tierra, el July y yo nos volvimos locos y como obuses, para desquitarnos de tanto pesar, sin tocar el freno nos derramamos por la vereda hasta el parking, mariquita el último.

July, eres un campeón!

Un abrazo a todos,

Bretones